Monster

junio 17, 2007 at 10:38 am Deja un comentario

No supe cómo empezó todo, cuando desperté aquel ser ya estaba sobre mí. No pronunció ninguna palabra, se limitó a gruñir y babear. Su aliento era insoportable, pero en ese momento parecía ser el menor de mis problemas. En la oscuridad sólo distinguía el brillo enfermizo de sus ojos inyectados de sangre. Intenté levantarme pero una enorme garra me detuvo en el suelo con facilidad. Parecía observarme. Medio curioso, medio divertido. Clavó sus garras en mi piel y empezó a moverlas cómo si hiciese algún tipo de dibujo. Por algún motivo, que no logro precisar ahora, levanté la cabeza e intenté mirar qué dibujaba, pero me lo impidió estrellando mi cráneo con violencia contra el suelo. Grité de dolor y supliqué por mi vida, pero no parecía entender mis palabras. No había visto antes a esa extraña bestia, pero de algún modo me resultaban familiares su olor nauseabundo y el tacto de sus llagas purulentas.

De un solo golpe atravesó mi pecho y pude ver como arrancaba mi corazón, lo llevaba a su boca y lo comía con asqueroso deleite. Estaba tan extasiado ante el macabro festín que no me percaté del extraño hecho de seguir con vida. Aquel ser devoró ante mis ojos atónitos aquel corazón sin el que, en otras circunstancias, ya debería estar muerto. Lo defecó sobre mí y lanzó un poderoso rugido que a mí me pareció una carcajada.

¿Quién o qué era ese ser pestilente? ¿Por qué parecía disfrutar tanto destrozándome poco a poco? A pesar de las circunstancias en las que me hallaba no podía dejar de preguntarme lo mismo una y otra vez. No lograba quitarme la sensación de que aquel misterioso engendro era un viejo conocido.

Me sacó de mis pensamientos con una bofetada. Tras el dolor de un corazón arrancado perder un par de dientes no era nada. Me arrancó los ojos clavando certeramente sus dedos en mi rostro… No lloré. Estaba agradecido de no tener que seguir mirando. Unos minutos después de haber visto por última vez la luz sentí que por fin se aproximaba la anhelada muerte. La vida se me escapaba poco a poco y aquel ser me zarandeaba con furia tratando de alargar su diversión. Sus esfuerzos fueron inútiles.

Escapé del único modo que se puede escapar de las manos de aquel terrible demonio, al que ahora desde las alturas, podía ver claramente a pesar de la oscuridad…. Y al que ahora con la sabiduría que trae la muerte puedo reconocer: EL AMOR.

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Pajarraco

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